jueves, enero 01, 2009
Sueño en rosa triste
Acercamiento fallido, muro de piedra ante mí. Tu dices no. No bosques dorados. No montes y barrancos. No compartir periódico la mañana del domingo. No. Alejamiento en una estación de tren. Lágrimas rotas en la garganta. Sin aire, sin luz.
sueño en azul
Volar dentro del agua; no más pensamientos, no más cosas, no más lágrimas.
Sólo ondulaciones líquidas sobre tu cuerpo.
Abrazos tibios te envuelven. El gran Azul.
Sueño del pasado
Paseo por las calles de París. Boulevard des Italiens, rue Montmartre arriba. Quiero llegar a la rue Lepic, a Abbesses, ver la Viña y los tejados matizados de grises recortándose sobre el cielo que se apaga. Bajaré después hacia el río, la isla de Saint Louis, entrar en sus callejuelas, impregnarme de la humedad de lo vetusto. Acomodarme y ver el agua oscura pasar. C'est la vie qui passe, là.....
jueves, diciembre 25, 2008
Ya lo sabía entonces. Tenía ocho o nueve años y no aguantaba la ficción de Nochebuena. Por qué estar contentos esa noche si el resto de los días había tantas cosas que no funcionaban? No me engatusaban los papeles brillantes de los dulces ni las botellas y los vasos tintineantes, ni las sonrisas, no. Sólo me atraían las bolas del árbol de Navidad, hechas de un cristal finísimo allá por Checoslovaquia. Delicadas y perfectas, era un placer reencontrarme con ellas. Y montar el Belén, como un pequeño paraíso de casitas con habitantes felices paseando cerca de arroyos, patos y castillos donde yo disponía todo a mi antojo, donde todo estaba en su sitio, donde nadie peleaba. Por eso buscaba evadirme cuando la cena estaba acabando y el personal se distraía, y marchaba a la ventana, y miraba las casas de enfrente, las ventanas iluminadas. Imaginaba qué se viviría allí, casas lujosas, quería pensar que todos serían felices. Añoraba una plenitud que desconocía.
Y toda la vida igual. Será que no existe. Que hay momentos perdidos por ahí, que pueden ser plenos, pero no estados permanentes, o casino. Que la contemplación de la belleza puede ser un estupendo bálsamo para las heridas. Que no hay más pequeño país que uno mismo.
Y toda la vida igual. Será que no existe. Que hay momentos perdidos por ahí, que pueden ser plenos, pero no estados permanentes, o casino. Que la contemplación de la belleza puede ser un estupendo bálsamo para las heridas. Que no hay más pequeño país que uno mismo.
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