domingo, marzo 08, 2009

No, no y no. Qué bien suena así, en silencio, verdad?
Y qué pena que vaya a quedarse así, en el silencio.
Que sólo pueda decirlo aquí. Que se me ahogue el grito.

martes, marzo 03, 2009

Historia de ella y de él

Pasados los primeros años de posguerra, una vez que finalizó la guerra mundial, todos tuvieron que recolocarse como buenamente pudieron. El hermano de ella, después de huir de España a Francia, pasó unos pocos años en un campo de concentración en las Landas, cerca de Argèles, sin poder unirse a la Resistencia como era su deseo. Problemas de corazón, con dieciocho años, dijeron.
De vuelta a España, no había trabajo que pudiera realizar debido a sus antecedentes de rojo impenitente. El único escape posible era la Legión, pozo sin fondo y melting pot a la vez, y allá que se fue, con sus ventitantos años, su desarraigo y dos heridas de bala a cuestas.
Él, volvió de Rusia en el último tren, con los últimos compañeros, dejando atrás la nieve, las caballerías devoradas, el fin de la guerra y trayendo una cruz de hierro al cuello. Aquí esperaba la familia,una casa en Madrid, el dinero del Ejército. Pero nada era lo que parecía. Tenía que pagar por vivir en la casa de su cuñado, habían fundido su sueldo en la esperanza de que no volviese de Rusia.
Y el desarraigo.Para él también había. No eres de nadie, nadie te siente como suyo. Da igual en qué bando has luchado y por qué; una vez acabado el conflicto los que se quedaron evitan ver a estos molestos supervivientes que les hacen sentir culpables por no haber compartido sus miserias, por sentirse cobijados en sus casas mientras los otros mueren al raso.
Qué quedaba para él? El lugar donde encontraría a los antiguos camaradas. Allí donde se comparte la misma soledad y se pierde el desarraigo. Otra vez la Legión.
El hermano de ella y él ya habían estado juntos los primeros años, y volvieron a encontrarse.
El destino teje sus redes y nosotros caemos en ellas suave y confiadamente acariciando la ilusión de ser libres.

lunes, marzo 02, 2009



Los sueños.... Aguardan confusos bajo la almohada. Esperan, y al poner la cara en ella, al cerrar los ojos, salen lentamente y entran suavemente. Se empujan. "Yo". "No, yo". "No, yo, yo". Y uno toma posesión de ti mismo y fabrica su lugar y su tiempo.
Y allá va. Agitación, trajín, oscuridad, extrañeza, como en la vigilia. Se acabaron aquellos colores, aquellos amores, aquellos lugares, todos hermosos.
"Vivo sin vivir en mí". Y sueño sin vivir, también.
Maldita velocidad, maldito pasar y pasar sin parar un instante.
Añoro la quietud de la belleza en todas sus formas. La serenidad de una pintura, una iglesia, un bosque, una flor, el mar, un arroyo. De lo grande y de lo pequeño. Añoro la armonía, la perfección, el equilibrio. Añoro todo lo que me falta, lo que no tengo.
Poder parar, para empezar, y no desear nada, para acabar.

miércoles, febrero 25, 2009

Los herederos de la ciudad son tropas morenas que disfrutan sus calles al sol.
No les asusta el humo, ni el ruido, ni las sombrías hileras de casas.
Pasean al recoger a sus hijos del colegio. Aprovechan los parques minúsculos, los bulevares, y devuelven las risas perdidas hace tanto tiempo.
No saben qué es perder el tiempo en buscar aparcamiento. Compran en tiendas pequeñas, sólo lo justo. Tienen la tarde por delante para hablar, reír, compartir. Como antaño.
Creo que la ciudad se siente bien con ellos.
Mientras, las autopistas vomitan cientos de fugitivos hacia lugares vacíos, fríos, donde nada se funde, donde sólo hay yuxtaposición. Su capullo de alto standing les espera. No saben, no sabemos.
Hemos perdido la ciudad.

martes, febrero 10, 2009

Cansada. Tanto declive, destrucción, atrincheramiento, me agotan.
Al límite. Siento que mi cuerpo se resquebraja poco a poco y sin ruido.
Mi espacio.Mi quietud. Mi silencio. Mi música.
El deber. La ayuda. La renuncia.
Cansada. Al límite. Socorro.