Cómo serán esos abrazos que no conozco?
Y el tacto de esa piel?
Y la voz...
Mar de dudas, de incógnitas.
Pero busco perderme en él
Quiero perderme en él
lunes, septiembre 21, 2009
undertheocean
Bajo el océano.
Con todo el peso del agua desplomado sobre mí
El silencio
La oscuridad
No más sentimientos
No más pensamientos
Sólo sensaciones
Unidad.
Con todo el peso del agua desplomado sobre mí
El silencio
La oscuridad
No más sentimientos
No más pensamientos
Sólo sensaciones
Unidad.
lunes, septiembre 07, 2009
miércoles, agosto 19, 2009
Una de romanos
Todo empezó una mañana fría de octubre. Con un babi blanco que mi madre había cosido a regañadientes utilizando unas enaguas. Iba a ir al colegio "como los demás niños". Era algo desconocido, desconcertante. Con cuatro años producía cierto revuelo en el estómago. ¿Qué sería aquello?
Llegué con ella y con mi (falsa) tía y mis primos, y con mil personas más, a ese patio cuadrado con ventanas de cristales opacos y mallas metálicas. Hacía frío, repito. Nos hicieron esperar tiempo y tiempo hasta que alguien empezó a vocear no se sabe qué. "Yo no aguanto más. ¿Se han creído que somos borregos?Haciéndonos esperar aquí al fresco, como si tal cosa. Se acabó. Cuando tenga dinero para llevar a mi hija a un colegio, irá. Vámonos a casa".
Se mezclaron en mí sentimientos variados y contradictorios. Por un lado quería quedarme, como los otros; por otro, aquello resultaba sospechoso y de futuro incierto.¿Qué será de mí? pensaba yo compungida. Y volví a casita, de la mano, como una oveja.
La oveja era negra, por supuesto. La única que no iba al colegio en la casa y en la vecindad. Creo que fui capaz de reconocer ese orgullo materno heredado de tiempos y países que fueron mejores y hacerlo mío.
La verdad es que en casa no se estaba mal... o al menos, era un mundo familiar en todos los amplios y ambiguos sentidos de la palabra.... o al menos eso creía yo....
Llegué con ella y con mi (falsa) tía y mis primos, y con mil personas más, a ese patio cuadrado con ventanas de cristales opacos y mallas metálicas. Hacía frío, repito. Nos hicieron esperar tiempo y tiempo hasta que alguien empezó a vocear no se sabe qué. "Yo no aguanto más. ¿Se han creído que somos borregos?Haciéndonos esperar aquí al fresco, como si tal cosa. Se acabó. Cuando tenga dinero para llevar a mi hija a un colegio, irá. Vámonos a casa".
Se mezclaron en mí sentimientos variados y contradictorios. Por un lado quería quedarme, como los otros; por otro, aquello resultaba sospechoso y de futuro incierto.¿Qué será de mí? pensaba yo compungida. Y volví a casita, de la mano, como una oveja.
La oveja era negra, por supuesto. La única que no iba al colegio en la casa y en la vecindad. Creo que fui capaz de reconocer ese orgullo materno heredado de tiempos y países que fueron mejores y hacerlo mío.
La verdad es que en casa no se estaba mal... o al menos, era un mundo familiar en todos los amplios y ambiguos sentidos de la palabra.... o al menos eso creía yo....
lunes, agosto 10, 2009
Golondrinas
No sé que tiene su piar que oírlo me exalta el ánimo y su ausencia me llena de tristeza.
Los ciclos. La vida es repetición. Todo tiene un ritmo. Frío o calor, día o noche, ser o no ser.
Y por qué será que me gusta la tierra de nadie, la tibieza, el crepúsculo, el instante eterno y cambiante.
Los ciclos. La vida es repetición. Todo tiene un ritmo. Frío o calor, día o noche, ser o no ser.
Y por qué será que me gusta la tierra de nadie, la tibieza, el crepúsculo, el instante eterno y cambiante.
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