miércoles, diciembre 28, 2011
martes, diciembre 27, 2011
viernes, diciembre 23, 2011
Es inútil que espere.
Tú nunca estarás.
Podría ser como Penélope...
Es mi otro yo,
Penélope,
siempre esperando,
tejiendo y destejiendo,
esperando siempre.
No. Yo no soy ésa.
Sé caminar buscando la luz de la Aurora.
Lo tengo grabado en mi piel.
Tú no lo entenderias.
Tú te quedarás inmóvil.
aferrado a tu vida absurda
y vacía.
No más lágrimas
no más dolor
No más!
Tú nunca estarás.
Podría ser como Penélope...
Es mi otro yo,
Penélope,
siempre esperando,
tejiendo y destejiendo,
esperando siempre.
No. Yo no soy ésa.
Sé caminar buscando la luz de la Aurora.
Lo tengo grabado en mi piel.
Tú no lo entenderias.
Tú te quedarás inmóvil.
aferrado a tu vida absurda
y vacía.
No más lágrimas
no más dolor
No más!
sábado, diciembre 10, 2011
El patito feo y mamá Pata.
Los turbios manejos...Los que llevan a cabo unos para adueñarse de otros. Para poseer, para controlar, para ser amado.
No valen los caminos claros. No saben que existen. Siempre hay que torcer el camino, meterse en la hojarasca.
Arrugar el ceño, más o menos sutilmente. Guardar silencio. Mirar a otro lado.
Todo lo que siento ahora es viejo, muy viejo. Me ha acompañado desde que abrí los ojos y escuché la primera palabra y sentí el primer vacío.
Es la impronta. Mi impronta. Y la seguiré siempre, como hace toda cría que se precie.
Y la sufriré, también siempre. Aunque me empeñe en no hacerlo.
Me queda una esperanza, tenue y frágil como el hilo de una araña. Quizá alguna vez me vea como un cisne. Quizá pueda mirarme y ver algo mejor de lo que veo. Lo de nadar con los otros cisnes, lo dejaremos para otro día.
No valen los caminos claros. No saben que existen. Siempre hay que torcer el camino, meterse en la hojarasca.
Arrugar el ceño, más o menos sutilmente. Guardar silencio. Mirar a otro lado.
Todo lo que siento ahora es viejo, muy viejo. Me ha acompañado desde que abrí los ojos y escuché la primera palabra y sentí el primer vacío.
Es la impronta. Mi impronta. Y la seguiré siempre, como hace toda cría que se precie.
Y la sufriré, también siempre. Aunque me empeñe en no hacerlo.
Me queda una esperanza, tenue y frágil como el hilo de una araña. Quizá alguna vez me vea como un cisne. Quizá pueda mirarme y ver algo mejor de lo que veo. Lo de nadar con los otros cisnes, lo dejaremos para otro día.
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