jueves, septiembre 13, 2012

Yo no sé.
Sólo el viento y las hojas
la luz y las nubes
el agua
azul verde y blanco
me dan
su saber.
El absurdo es
tan real
como la vida misma.

domingo, mayo 13, 2012

El amor es el deseo común de luchar contra la muerte.
Tú y yo
nos aferramos
uno al otro
muy fuertemente
ansiosamente
desesperadamente
para luchar
por nuestras vidas.
Codo con codo
piel con piel
paso a paso
poco a poco.
Contra viento y marea
contra restos de naufragios
contra el mundo
contra el tiempo,
navegamos.
Ojos abiertos, oídos dispuestos
todo presto
al cuerpo a cuerpo.
Saboreando
disfrutando
aprovechando
el regalo
de estar y vernos
y amarnos.

sábado, marzo 31, 2012

Y en dos días,  ha muerto.
Con tanto esfuerzo. Con tanta desesperación. Con tanto miedo. Con tanto dolor.
Allá  dentro de ella quedaron sus recuerdos encerrados para siempre.
Sus sentimientos, sus emociones. Los secretos, las desilusiones, las alegrías, los placeres.
Todo acabado. Todo oculto. Todo perdido.
Unas fotos, la ropa, dos diademas,un frasco de agua de colonia. Un tacto de su piel todavía tibia.
Y mis recuerdos, mis sensaciones, mis emociones, mis sentimientos  la recrearán hasta que yo muera.

lunes, marzo 19, 2012

Varias tarde a la semana, no sabría decir si una o dos, todas o cada quince días, ella se iba. No podría precisar cuándo empezaron esas salidas. Normalmente yo la acompañaba en su periplo por los almacenes, o simplemente calle Torrijos arriba o abajo viendo escaparates, en invierno, cuando no había luz y no podíamos ir al Retiro.
Pero así como de puntillas, esta nueva forma de pasar el tiempo entró en mi vida.
"Mira, como ya eres mayor, esta tarde te vas a quedar solita". "¿Qué te dejo para merendar? ¿Pan bombón con foie gras o pollo trufado?"
 Mis gustos eran ya algo más sofisticados, había dejado atrás el pan con mantequilla/aceite y azucar y la economía doméstica permitía comprar productos antes desconocidos. La distracción incluía también cortadillos de cidra, pain d'épices y alguna otra cosa más, con tal de que la presencia de tales delicias contribuyera a disimular el hecho de que yo, con ocho años, me quedaba sola en casa, con un teléfono y una radio, y con un pasillo de dieciocho metros, oscuro como la boca del lobo, en el que estaba el cuarto de baño.
Escuchaba todos los programas de Radio madrid, de Radio Peninsular. Las novelas, el teatro, las series de humor, las canciones dedicadas.
Odio los boleros y las coplas..."Reloj, no marques las horas" "María de la O"...Personas aún más desgraciadas que las que yo conocía, llorando su pena cantando por la radio. La  vida debía ser un mar de torturas y sufrimientos sin límites. Otro trabajaba en una mina y le gustaba, a pesar del grisú, que yo sabía era peligrosísimo. Me parece que el mismo minero salía fuera de España, harto de trabajar en el pozo y lloraba y suspiraba abrazado a la bandera porque echaba de menos el grisú. Otros dejaban a las novias porque se metían con sus madres que eran santas. Otros molían café, pasando las horas como yo.
Vivíamos en un mundo surreal, ellos dentro de la radio y yo fuera. No sé cómo no intenté, a lo Woody Allen, entrar en ella.
El 22 de noviembre de 1963 escuché que habían asesinado al Presidente Kennedy. No tenía el gusto de conocerle más que por el No-Do, pero me parecía simpático. Yo lo oí y me pareció horrible. Se salía de lo habitual, mineros, madres, novias que se van y todo eso. Sentí la imperiosa necesidad de llamar por teléfono a alguien para contárselo, y empecé a marcar todos los números de mis amigas, que eran tres incluído un niño francés que se llamaba José Mari. No tenían ni idea, y poco les importaba. Estaban jugando en su casa, viendo como su madre preparaba la cena, haciendo los deberes...
Yo estaba sola. Con el teléfono para hablar y la radio para oir.

sábado, marzo 17, 2012

Ayer di de baja el teléfono. Mi teléfono. No lo rescaté de la debacle, allí quedó, ingratamente abandonado despues de casi cincuenta años.
No tuve valor para arrancarlo de la pared. No quise llevarme a un viejo amigo que me acompañó en muchas tardes de soledad, en aquella habitación pequeña, junto a la radio que me contaba y enseñaba tantas cosas y el Atlas de Aguilar que me abría al mundo.
¿No tuve valor o quise librarme del peso de todas esas horas pasadas conmigo misma intentando entender a los que me rodeaban, su vida y la mía incluídas?
¿Qué hay que hacer con los recuerdos? ¿Olvidarlos?
¿Aceptarlos? Sí, y se remata la frase diciendo"hay que pasar página".
¿Olvidarías que llevas una china en el zapato caminando por el monte? ¿Una bonita ampolla, una uña que da en la bota?
¿Una astilla clavada en el corazón de niña de ocho años?
O te lo sacas todo, o te jodes. Eso es lo que hago cuando camino.
En cincuenta años no he podido sacarme la astilla. Luego estoy jodida.
O soy un vampiro....y todavía no me he dado cuenta....